Del escritorio al territorio, lo que realmente está en juego en la revisión del T-MEC

Jun 26, 2026 | 0 comentarios

Por Octavio de la Torre de Stéffano, Presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo

En momentos de transformación económica y redefinición de las relaciones comerciales internacionales es indispensable que México actúe con visión estratégica, coordinación institucional y una participación activa de todos los sectores productivos. La revisión del T-MEC en 2026 representa precisamente uno de esos momentos que pueden marcar el rumbo de nuestro desarrollo económico en los próximos años.

Como presidente de Concanaco Servytur, participé en la reunión de la Comisión Especial para el Seguimiento al T-MEC en la Cámara de Diputados. Durante el encuentro sostuve una idea que hoy resulta especialmente relevante: pocas veces coinciden tantas condiciones favorables para fortalecer la posición económica de México.

La revisión del tratado representa una oportunidad que exige trabajo conjunto, diálogo permanente y una visión compartida sobre el futuro del país.

La revisión del T-MEC en 2026 no es un trámite administrativo ni una formalidad de calendario; es una de esas coyunturas en las que se define si América del Norte fortalece su integración económica y consolida su competitividad global. En ese contexto, más allá de la negociación en sí misma, resulta fundamental recordar que cada decisión que se toma alrededor del tratado tiene un destinatario concreto: alguien en un mercado, en un taller, en un mostrador, en una ruta de transporte o en una habitación de hotel que se queda vacía cuando el clima de negocios se deteriora.

Las definiciones que se adoptan en los espacios de decisión tienen efectos directos sobre quienes generan actividad económica en el territorio. Lo que está en juego exige responsabilidad compartida, coordinación institucional y una visión de largo plazo que coloque por encima de cualquier diferencia el empleo, la inversión, la certidumbre jurídica, la estabilidad económica y el bienestar de las familias mexicanas.

Las microempresas y la economía real en el centro del T-MEC

Las microempresas representan el 95.5% de las unidades económicas en México y generan el 41.5% del empleo nacional. Son, en términos estrictos, la mayoría del país productivo. La conversación sobre el T-MEC suele concentrarse en los grandes corporativos, las cadenas manufactureras y los flujos de exportación. Son temas fundamentales, pero insuficientes para explicar el impacto real del tratado sobre la economía mexicana.

Porque hablar del T-MEC es hablar del restaurante que alimenta a los trabajadores de una planta maquiladora. Es hablar del transportista que conecta la última milla entre una bodega regional y una comunidad que de otra forma quedaría desabastecida. Es hablar del hotel que recibe al comprador extranjero que viene a evaluar proveedores locales. Es hablar del taller que fabrica la pieza pequeña que hace funcionar al sistema grande. Es hablar de la empresa familiar que podría convertirse en eslabón de una cadena de valor internacional si le damos capacitación, financiamiento, tecnología, certeza jurídica y menos sobreregulación que la mantiene atrapada en el umbral de la sobrevivencia.

Esos actores no suelen aparecer en los titulares de las negociaciones comerciales. Pero son quienes absorben primero las consecuencias cuando algo falla y quienes sostienen la actividad económica cuando todo lo demás está en pausa.

Hay una idea que me parece central y que debería convertirse en un principio de política pública: la integración comercial internacional encuentra su mayor fortaleza cuando logra conectar los beneficios del crecimiento económico con las necesidades y oportunidades del territorio nacional.

México lleva décadas construyendo una arquitectura comercial que pocos países pueden presumir. Contamos con una ubicación geográfica privilegiada, una red de tratados internacionales de gran alcance, una manufactura competitiva y una generación de jóvenes con el talento necesario para convertirse en uno de los principales activos estratégicos de América del Norte durante las próximas décadas.

Los beneficios del modelo exportador han sido significativos, pero persiste el desafío de ampliar su alcance hacia regiones, empresas y sectores que aún no participan plenamente de las oportunidades que genera la integración económica.

Ese es el gran reto en los foros técnicos: no solo negociar bien el T-MEC, sino construir las condiciones para que sus beneficios lleguen a las ciudades, fortalezcan los municipios, abran oportunidades reales para los jóvenes y permitan a los negocios familiares pasar de resistir a competir. Esa transición, de la resistencia a la competencia, es quizás el indicador más honesto de si la política comercial está funcionando para el país en su conjunto.

Una estrategia de Estado para aprovechar la revisión del T-MEC

La revisión del T-MEC debe entenderse como un esfuerzo de Estado y no únicamente como un proceso técnico de negociación comercial. El gobierno de México tiene la responsabilidad de conducir la política comercial del país y cuenta con el respaldo de los sectores productivos. Sin embargo, una posición sólida requiere incorporar la experiencia de quienes todos los días generan actividad económica en el territorio.

Por ello, los espacios de consulta técnica entre legisladores, autoridades y sector privado son más necesarios que nunca. La experiencia demuestra que las mejores decisiones surgen cuando quienes diseñan las políticas públicas incorporan la visión de quienes exportan, invierten, generan empleo y enfrentan diariamente los desafíos de la economía real.

La construcción de una posición nacional sólida frente a la revisión del tratado requiere información oportuna, coordinación institucional y mecanismos permanentes de interlocución. México tiene fortalezas extraordinarias que deben convertirse en ventajas concretas durante esta etapa: una ubicación geográfica estratégica, infraestructura logística, capacidad manufacturera, talento joven y una de las redes de acuerdos comerciales más amplias del mundo.

México llega a esta revisión con fortalezas objetivas y una posición estratégica privilegiada. El reto no consiste únicamente en preservar las ventajas del tratado, sino en convertirlas en oportunidades más amplias para quienes generan empleo, invierten y sostienen la actividad económica del país. La verdadera medida del éxito será que la integración de América del Norte fortalezca también la competitividad de las comunidades, las ciudades y las empresas que hacen posible la economía real.

Escucha el podcast de este episodio y descubre las ideas clave que están marcando la agenda de los negocios en México:

Octavio de la Torre
Octavio de la Torre de Stéffano
Presidente de la CONCANACO |  + posts

Presidente de Corporativo TLC Asociados, firma especializada en consultoría aduanera y fiscal. Ha sido miembro acreditado del Cuarto de Junto del Sector Privado en la renegociación de los tratados comerciales de México, participando activamente en procesos vinculados al fortalecimiento del comercio internacional y la competitividad del país. Es fundador y catedrático de Trade & Law College – CUEJ Baja California, así como fundador del Consejo Editorial de Trade Law & Customs Magazine, publicación especializada en comercio exterior, fiscal y aduanas. A lo largo de su trayectoria ha ocupado cargos de representación en organismos estratégicos como la World Compliance Association, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT) y CANACINTRA. Es licenciado en Derecho, con estudios en Contabilidad e Historia, y cuenta con el grado de Doctor por el Centro Universitario de Estudios Jurídicos. Su labor profesional y académica lo ha consolidado como una de las voces más reconocidas en materia de comercio exterior, derecho aduanero y fiscal en México.