Pedro Canabal Hermida, Socio de Baker Tilly, Ex administrador Central de Planeación y Programación de Comercio Exterior y Ex vocero del SAT; socio fundador de TresDigital Reputation Care 1
El año 2025 será recordado en la historia empresarial como el momento en que se terminó la comodidad de los aranceles bajos o aranceles cero. La visión a través del "retrovisor" no solo muestra el fin de una era de globalización comercial, sino el inicio de una fuerte evolución geopolítica que obliga a las empresas a aterrizar una estrategia de negocios diferente.
La pregunta clave que deben hacerse los líderes empresariales no es si los aranceles subirán, sino cómo este nuevo escenario, impulsado por tensiones globales y el concepto de zonas de influencia, exige una reescritura total de la logística y la proveeduría.
La Doctrina "Donroe" y la alineación estratégica de México
La tendencia más clara que se asoma para 2026 es el resurgimiento de la Doctrina Monroe, ahora vista como una visión de zonas de influencia, curiosamente llamada ahora "Doctrina Donroe". En este reacomodo regional, Estados Unidos busca que Europa y otras potencias se arreglen solas, mientras que consolida su bloque americano.
En este contexto, México ha dejado de ser visto por Estados Unidos y Canadá como una mera plataforma manufacturera o maquiladora para convertirse en una pieza estratégica dentro del bloque norteamericano, siempre y cuando cumpla con ciertas condiciones.
"México ha dejado de ser una plataforma meramente manufacturera para volverse una pieza estratégica."
Este cumplimiento se ha materializado en una decisión fundamental: México ha optado por alinearse a una estrategia norteamericana de carácter proteccionista.
La manifestación más palpable de esta alineación fue la imposición de aranceles de hasta el 50% a más de 1,000 productos provenientes de países sin tratado de libre comercio, una medida que afecta principalmente a Asia y, de manera contundente, a China, ya que alrededor del 57% de las fracciones arancelarias modificadas corresponden a productos chinos.
Esta acción es estratégicamente vital: fortalece la posición de México para la próxima revisión del T-MEC, al demostrar que se están tomando medidas para evitar triangulación, subvaluación, fraude aduanero y contrabando de productos asiáticos hacia el mercado norteamericano.
Aunque existe la amenaza de medidas espejo por parte de China, el impacto real sería limitado, dado que los $8,000 millones de dólares exportados contrastan con más de $100,000 millones de dólares importados desde ese país.
El doble filo de los aranceles en el comercio exterior mexicano: recaudación y protección.
Si bien la medida tiene un efecto recaudatorio relevante, con ingresos estimados entre 50,000 y 200,000 millones de pesos anuales, su objetivo central es estratégico: fomentar el consumo de contenido regional e impulsar la proveeduría nacional para sustituir importaciones asiáticas.
Los aranceles buscan proteger 17 sectores industriales nacionales, entre ellos calzado, textiles, plásticos, juguetes, y de forma prioritaria acero, aluminio y cobre. Uno de los objetivos estratégicos es que Estados Unidos retire los aranceles de la Sección 232 al acero y aluminio mexicanos durante la revisión del T-MEC.
Mantener aranceles chinos y estadounidenses de forma simultánea representa el peor escenario posible para el comercio mexicano.
2026, año del rediseño y el cumplimiento impecable.
Para las empresas, 2026 será un año de profundo rediseño de las cadenas de valor. La estrategia empresarial deberá integrar cuatro ejes fundamentales: cumplimiento, riesgo, estrategia y gestión de costos.
La incertidumbre ha contenido la inversión, obligando a las empresas a reconfigurar sus cadenas de suministro, privilegiando socios en Europa y América Latina con tratados comerciales vigentes.
Las reformas legislativas, el paquete económico y las acciones del SAT responden a una estrategia integral de fortalecimiento de la trazabilidad del comercio exterior. Esta trazabilidad —equiparable a un blockchain comercial— es clave para blindar la seguridad desde las reglas de origen hasta el consumidor final.
La Ley Aduanera, vigente a partir del 1 de enero, incorpora instrumentos clave como la Manifestación de Valor y el expediente electrónico, fortaleciendo la certidumbre sobre el origen de las mercancías. En este esquema, los agentes aduanales se consolidan como piezas esenciales para la correcta clasificación, gestión de costos y mitigación de riesgos.
La inteligencia arancelaria como herramienta estratégica
En este nuevo entorno, 2026 exige combinar inteligencia arancelaria con cumplimiento fiscal y aduanero impecable.
Es indispensable maximizar el uso de programas de fomento al comercio exterior, que dejan de ser trámites administrativos para convertirse en herramientas estratégicas de reducción de costos y blindaje operativo.
Programas como IMMEX, PROSEC, Operador Económico Autorizado (OEA) y Recinto Fiscalizado Estratégico (RFE) son indispensables para asegurar la elegibilidad de beneficios del T-MEC y la correcta clasificación de mercancías.
El 2026 será el año en que las empresas deberán combinar inteligencia arancelaria y cumplimiento impecable.
En resumen, la geopolítica ya dejó de ser un tema accesorio en la sala de juntas; es el factor redefinitorio que determinará quién gana y quién pierde en el comercio exterior. Tener una estrategia integral, donde la trazabilidad y el cumplimiento sean innegociables, es la única manera de asegurar la rentabilidad y el futuro de las operaciones.


